martes, 1 de mayo de 2012

50 - LA FARMACIA PUJOL (III) - EN LA OFICINA


     La recepción, con la centralita de teléfono que yo atendía, era paso del personal de oficina, almacén, laboratorio, farmacia...ya que todo se comunicaba a través de pasillos, por lo que casi todos hacían una paradita para hablar conmigo. 


Mi centralita era parecida a ésta,
 tenía cinco líneas

En la cabeza llevaba un artilugio
como éste


   Iba cogiendo las llamadas para desviarlas a las distintas extensiones, y mi frase más repetida era "Un momentito, por favor". Con tanto "Un momentito, por favor", un día se me debieron cruzar los cables de mi cabeza, o de mi lengua, y me equivoqué diciendo "Un momento, por favorito". La carcajada que solté cuando me dí cuenta...Como que aún me estoy riendo...

        Los sábados por la tarde estaba cerrada la oficina, pero no la farmacia, por lo que yo tenía que ir para atender la centralita. Pasaba por la farmacia para recoger la llave de la oficina, y cuando entraba en ella, iba encendiendo todas las luces a mi paso porque me moría de miedo de estar allí sola. Alguna vez, en lugar de entrar a la oficina por el portal, lo había hecho pasando por los pasillos que comunicaban con la farmacia, pero eso no me daba miedo ¡me daba terror! porque los sábados no trabajaba nadie en el almacén, y estaba todo oscuro y en silencio.

      Por esa tarde de sábado me daban fiesta cualquier tarde de la semana, y yo escogía el martes porque me iba con mi madre y mi tía Dorín al cine Palacio del Cinema.

Mi madre y yo,
detrás mi padre

       El Dr. Pipó y Esther eran los encargados de hacer los análisis clínicos de la farmacia, donde venían, sobre todo, mujeres para hacerse la prueba del embarazo, ya que entonces, no se solía vender el Predictor en las farmacias, como ahora. Se les hacía la prueba de Gravindex, o la de Galli-Mainini (la de las ranas). 

    También se hacían análisis de sangre para verificar los niveles de glucosa, colesterol, hemogramas completos, etc.


          Los analistas me entregaban los resultados, que yo tenía que pasar a máquina en unos impresos para ese fin.


El impreso de los análisis
(es de mi madre del año 1972)

Los resultados se entregaban en 
un sobre como éste

         El Dr. Pipó era muy simpático y me caía muy bien, tenía un bigote estilo Groucho Marx y un deje andaluz muy gracioso.


       Nuestro jefe en la oficina era el Sr. Pedro Gutiérrez, un señor a las puertas de la jubilación, si no las había traspasado ya, con un pequeño bigotito, y que siempre utilizaba un sombrero que cuidaba con esmero. Le gustaba contarnos chistes, pero ¡qué malos eran...! 


       El Sr. Pedro guardaba todo el material de oficina a buen recaudo. Cuando se nos acababa el bolígrafo y le pedíamos otro, él, con parsimonia, abría el cajón de su mesa y sacaba un montón de bolígrafos cogidos con una goma elástica. Era muy metódico, y cuando tenía que hacer un albarán que yo tenía que entregar en el almacén, me tenía que armar de paciencia, ya que hacía una letra tan recargolada y tan precisa, que tardaba un buen rato. Entre letra y letra descansaba para admirar su obra.


     Su esposa, que se llamaba Eutiquia, pero le gustaba que la llamaran Eti, me llamaba a veces a la centralita para hablar conmigo un rato, y me explicaba que habían ido al Liceo y las grandes compras que hacían. Yo no tuve claro hasta entonces, qué significaba la palabra "snob".


       Tuvieron, ya mayores, una sola hija, y cuando el Sr. Pedro salía de trabajar tenía que hacer los recados que su mujer y su hija, en casa todo el día, le mandaban llamándole varias veces por teléfono. Los sábados por la tarde, que libraba, venía igualmente a la oficina, creo que para librarse de ellas un rato. Me daba un poco de pena el Sr. Pedro.



    Un día de Dijous Gras (Día de la tortilla), quedamos todos los jóvenes en traer de casa un bocadillo de tortilla, e irnos a comérnoslo al Parc del Laberint de Horta. 


Bermejo (del almacén), con Montse,
y yo, arriba con la estatua
en el Laberint

   Como era de esperar, llegamos tarde a trabajar. Entramos silenciosos y casi de puntillas porque sabíamos que nos iba a caer una buena. El Sr. Pedro, simplemente nos echó una regañina, tremendamente serio, eso sí. Los chicos del almacén, que venían con nosotros, seguramente también aguantaron la bronca que les echaría su jefe.


       Al jefe de almacén, que era cuñado del Sr. Pujol, ya que estaba casado con una de sus hermanas, los chicos le llamaban, a sus espaldas, "Carpanta". Se ganó este apodo porque normalmente llevaba frutos secos u otros comestibles en los bolsillos, y siempre estaba masticando. Lo cierto es que no recuerdo su verdadero nombre.


Este Carpanta no comía nunca

        Uno de nuestros compañeros de oficina, apellidado Miranda, nos obsequiaba a las tres chicas con los bocadillos, casi siempre de tortilla, que le preparaba su madre para desayunar y que él, no sé porqué, no se comía. Así que después de comernos los nuestros, nos repartíamos el suyo. Si no teníamos hambre o no nos apetecía, al mediodía íbamos a la Pl. Catalunya y lo desmigábamos para las palomas.


        


12 comentarios:

Mª Trinidad dijo...

Muy bien querida Montse, bonita historia...Quiero más.
Un abrazo y felíz día a tod@s los tuyos.

Montse dijo...

Muchas gracias, Mari Trini. Ahora nos vamos a dar una vuelta, seguramente a Barcelona.
Besos.

Mari-Pi-R dijo...

Cuantos recuerdos llegas a tener y encima tienes documentos antiguos que has conservado.
Yo siempre he sido también miedosa, te comprendo cuando ibas pasando por los pasillos sin gente.
Un abrazo

Júlia dijo...

No entiendo como podemos guardar análisis de la mama de hace 40 años, lo nuestro es digno de estudio.

Eras la persona adecuada para desarrollar este trabajo en la centralita, eras muy amable y simpática, en la actualidad, en muchas ocasiones encuentras a cada "borde" al otro lado del teléfono....

Me imagino lo mal que lo pasabas por esos pasillos con lo miedosa que siempre has sido (yo creo que en parte, por tu gran imaginación).

Estabas guapísima en la primera foto con ese vestido de rayas que tanto me gustaba y con tu larga melena que tanta "envidia" me daba.

Bonitos recuerdos y entrañables compañeros de trabajo.

Petons y bona nit.

Josep dijo...

Todos estos personajes que van saliendo en tu vida eran personas muy típicas..
El señor Pedro. En todas las empresas habia un señor Pedro que daba un boli. uno solo, y los guardaba como si fueran de oro y casi siempre decia. " y el otro?".

Bonita historia, de verdad!
Un petó.

Montse dijo...

Esos pasillos tenebrosos, Mari-Pi-R, son la pesadilla de los miedosos. Sudor frío, corazón acelerado, mirar por detrás del hombro a ver si te sigue algún monstruo indescriptible...
¡Y mucha imaginación!
Un abrazo.

Montse dijo...

Pues mira que bien me ha ido que se guardaran los análisis de la mama, Julia.
Mira que me gustaba estar en la centralita, todo el día hablando por teléfono, ¡con lo que me gusta hablar!
Ese vestido de rayas de lana de angora, que soltaba pelos en cantidades masivas, y que cuando te lo ponías tú me enfadaba porque me lo ensanchabas y luego me bailaba, por lo escuchimizada que he sido siempre. Pero era muy bonito.
Petons.

Montse dijo...

Los personajes típicos de todas las empresas de antes, es verdad.

Gracias, Josep, un petó.

Gemma dijo...

De ese vestido también creo que había hecho yo un muñeco de trapo!!
Que bien te lo pasaste allí. Ahora en los trabajos lo que menos hay es compañerismo, y si pueden te pisan para subir.
Lo de los analisis es muy bueno.
Un besito guapa!!

Montse dijo...

¡Es verdad, Gemma! yo también me acuerdo del muñeco de trapo con ese vestido, así gordote y con los brazos y piernas cortos, con botones por ojos, creo.
Desde luego, tienes razón, en los trabajos ahora no hay compañerismo, cada uno va a la suya.
Besos, bonica.

Antonio Herrera Valiente dijo...

Hola, Montse:
Te felicito! Escribes muy bien. Se nota que eres autodidacta, como un servidor. Hace seis años (desde que me levanto) recojo la memoria histórica de los barrios de Sant Martí, Barceloneta… partiendo de mis vivencias, testimonios… Nací en Barcelona, en la calle Mediodía número 17 del “Barrio Chino”. La finca fue bombardeada durante la Guerra Civil. La calle Mediodía me recuerda el tema más emblemático de Lone Star, Mi calle, hablé con Pere Gené, se trata de la calle Robadors.
Tus primeras líneas me han trasladado a la Escuela Heilpraktiker Institut donde estudié Naturopatía. Pasaba con frecuencia por el Manantial de La Salud, ahora, tenemos uno en el barrio. Tendría 11 años, en el Cine Levante, en La Verneda, con mi hermana Fermina vimos: El sabor del miedo. Estuve en tensión durante toda la película, por la noche, tuve pesadillas. El programa decía: “Toda la película es un suspense, un film misterioso, criminal, policiaco. Primer premio de la famosa academia de Arte Dramático de Nueva York.” Recuerdo la escena de la piscina en la que entre las plantas aparece un cadáver mirando fijamente. Comentando con mi hermana este capítulo. Ella recuerda que le produjo la misma sensación, y recordaba la película con todo detalle. Mi amigo Roberto Lahuerta Melero ha escrito varios libros sobre los cines de barrio. Me informa que en La Verneda, en los años sesenta (siglo XX) se rodó una película policiaca…Bueno! No me enrollo más… petons

Antonio Herrera

Montse dijo...

Muchas gracias Antonio! El tema "Mi calle", de Lone Star (que por cierto lo pone de vez en cuando Albert Malla) podría inspirarse en cualquier calle de la Ciutat Vella, calles estrechas, oscuras, húmedas..... yo también pienso en la mía al escucharla...
Ir al cine ahora no es lo mismo, ni el olor, ahora huele a palomitas, antes a bocadillo de mortadela, jaja, que se llevaba para merendar. Yo recuerdo una que vi en el Lido, de Paseo San Juan, se llamaba " La habitación en forma de L". La recuerdo porque era no apta y yo, que entraba en la adolescencia, iba captando la situación de los protagonistas, y lo que no entendía se lo preguntaba a mi hermana.
Te agradezco tu comentario, petons!