domingo, 4 de marzo de 2012

28 - LOS MARAVILLOSOS DIAS DE REYES


    Quizá parezca un poco cursi hablar del Día de Reyes, pero si hablo de recuerdos infantiles, no podía faltar ese día tan importante en la vida de un niño.
  
   Cuando mis hermanos mayores, Juanito y Julia eran muy pequeños, pocos juguetes tuvieron, casi ninguno. Mi padre le hizo a Juanito un fuerte del Oeste con unas maderas, y mi hermano convertía las pinzas de tender la ropa en soldaditos. También jugaba con los botones,  y Julia se solía poner los zapatos de nuestra tía Elisa para jugar. Recuerda haber tenido un muñeco de cartón.


   Yo sí tuve, porque empezó a haber un poco de bonanza económica, y Gemma también porque nació bastante más tarde. Además, nosotras dos tuvimos la suerte de tener unos padrinos muy generosos.


Cómo se divierten Julia y Juanito
¡Y sin juguetes!

El fuerte que le hizo mi padre
debía ser algo así

      Cuando Julia se enteró de quienes eran los Reyes, se dió un hartón de llorar pensando en los sacrificios que habían tenido que hacer nuestros padres para comprar las cosas. Y era una niña.... Siempre ha sido una sufridora.   Ella siempre prefirió al Rey Baltasar, ¿cuál si no?  

Mis padres y nosotros cuatro, con 
mi tío Fidel y Mª Rosa, una amiga

   Un día, jugando en la replaceta, mi vecina Presen me dijo en voz baja "No se lo digas a nadie, pero los Reyes son nuestros padres", y yo pensé "¡Pues sí que tenemos padres! Dios es nuestro Padre, los Reyes son nuestros padres...", así que me quedé igual. ¡Qué cortita era! Bueno, aún era muy pequeña.

De todo lo que pedías,
 te traían dos o tres cosas

Mi hermana Gemma
con el rey Baltasar

    Antes de acostarnos dejábamos en el balcón un cacharro con agua y pan duro para los camellos, y para los Reyes una copita de coñac para pasar el frío, junto con algún polvorón, y mi padre nos decía al día siguiente "Mira, se lo han comido todo". El coñac acababa siempre remojando el gaznate de mi tío Pepito.

     La noche de Reyes no podía dormir.  Recuerdo el silbato de los trenes de la estación de Francia, que sólo lo oía en esa noche de insomnio y mi esfuerzo para dormirme pronto porque "si los Reyes pasan y estás despierta, pasan de largo". Al final conseguía dormirme, y cuando nuestro padre nos despertaba no nos dejaba ir al comedor hasta que estábamos totalmente vestidos, era como un ritual, amén de que hacía frío.


Nosotros tres, con mi madre 
y mi primo Angelet.

   Entrábamos al comedor con timidez y parecía otro mundo ¡Estaba precioso! la mesa llena de piedrecitas de caramelo, monedas de chocolate, los juguetes esturreados por toda la mesa, era un día de ilusión, verdaderamente, y nuestros padres disfrutaban tanto como nosotros viéndonos. La verdad es que se lo curraban para ponerlo todo tan bonito....El comedor de casa se transformaba en otro. Y ningún año faltaba un pequeño orinal con una caca de mazapán, que acababa comiéndosela el tiete Pepito porque a mí me daba asco.

Los deliciosos caramelos
con forma de piedrecitas

Huevos y ajos que eran confites de anís

Monedas, cigarrillos, botellas,
 todo de chocolate

   Después de ver nuestros regalos tocaba ir al piso de abajo, de mis tíos Pepito y Aurora, a ver lo que habían dejado allí los Reyes. Un año ví una manta que tapaba algo y me decían "¡Anda! y esta manta, ¿Qué hace aquí?", la aparté con timidez y resultó ser una cocinita preciosa, con su grifo y su depósito de agua, con sus platos y sus ollas ¡Lo que he jugado con esa cocina con mi hermana Julia! Nuestra madre nos daba un puñado de fideos y arroz y una patata y nos pasábamos las horas.


       ¿Se puede describir lo que siente un niño ese día? por lo menos antes, que sólo había juguetes ese día, y no como ahora que ya ni les hacen caso porque no saben donde meterlos. Estamos cometiendo un error, porque les quitamos la ilusión por saber qué les traen y con qué van a jugar los 364 días del año restantes.

La mía también era de color azul

¡...y los cacharritos  de aluminio!

   Recuerdo un juego de ping-pong que le trajeron a Juanito, Los Juegos Reunidos Geyper, un juego de mesa que se llamaba Rodín,¡ lo que llegamos a jugar con él....!

Teníamos que amueblar las casas
y cada una tenía un nombre

¡Yo siempre quería la Bulliciosa!

    Dos años seguidos me trajeron la misma  muñeca, Dulcita. El primer año fue regalo de mi "padrineta" Aurora, y el segundo, me la trajeron en casa, no sin antes haber pasado por una clínica de muñecas para quitarle los rayotes de bolígrafo que tenía, y con un vestido nuevo, hecho con un retal del vestido de comunión de Julia. Esta vez, por eso, incluía un armario y una cuna de madera, preciosos.

        Tengo que decir que el hecho de que me trajeran dos años la misma muñeca, me causó  zozobra intentando comprender cómo se lo habían montado los reyes para coger mi muñeca de casa.

   Mi muñeca Cristina
fue regalo de mi "padrina"

    Eso, acompañado de que un día vi un juego guardado en el armario (mi madre insistía en que era el Bingo que mi tía Elisa nos trajo de Suiza), me llenaron de dudas que procuraba quitarme de la cabeza porque me parecía cometer un sacrilegio, y me resistía porque entonces desaparecía la magia que tanto me gustaba.

   Otro año, cuando ya estaba Gemma con nosotros, colgaron de la lámpara un peluche de chimpancé para ella. Lo gracioso que estaba el muñeco ahí colgado como si estuviera en la selva, seguro que fue idea de mi tío Pepito. Gemma tuvo también muy buenos juguetes de sus padrinos. También le regalaron una cocina, donde los cacharritos eran de loza, muy bonitos, pero que se fueron rompiendo hasta no quedar ninguno.


Gemma, con su "padrina" y el cochecito 
con la muñeca que le trajeron

Gemma aún conserva su primer 
oso de peluche, perdió los ojos
y le puso botones

   Un día el tiete Pepito leyendo La Vanguardia, se acordó que tenía un boleto que había comprado en una tómbola de la Cruz Roja, en Pl. Catalunya, y al compararlo con el que había salido en el periódico se dió cuenta que le había tocado el premio. Subió corriendo a casa a decírnoslo y enseguida nos pusimos todos en marcha acompañándole a la Pl. Catalunya a recoger el premio.


El anuncio lo hemos encontrado en la hemeroteca de La vanguardia y me ha hecho gracia ponerlo aquí:


LA  VANGUARDIA ESPAÑOLA   -  


DOMINGO 20 DE OCTUBRE 1963


TÓMBOLA DE LA CRUZ ROJA, — En
el sorteo de Los boletos marcados con
el control número 3, efectuado en la
misma Tómbola ante el notario don
Daniel Danés, resultaron premiados
los siguientes números:
Primer- premio: 31,715
. Segundo premio; 21.873
Tercer, premio: 23.585 . •
De los premios correspondientes al
control núm. 2, fue retirado el segundo,
núm. 25.532. por don José Hernández
Fernández, de la calle Jaime Giralt;
núm. 36, de nuestra ciudad.

    Fué alucinante, le dieron: una cocina, una aspiradora, una Thurmix, una batería de cocina, una olla a presión, un barreño y algunas cosas más que no consigo recordar. Una de las personas que habían allí me regaló un boleto premiado con una pelota, así que todos nos fuímos más que contentos para casa. En esa batidora el tiete Pepito hizo muchas veces horchata, para disfrute de los sobrinos.

Mi tío pepito


16 comentarios:

Gemma dijo...

Que ilusión los reyes!!
Tienes razón, ese día y el del cumpleaños eran los únicos días que recibíamos juguetes, y que esperados eran. Jugabamos años y años con ellos.
Yo una noche también los oí moviendose por el comedor y sufría por si se daban cuenta que no estaba dormida.
Y la cabalgata? Que bonita y que emoción!.
Mi oso de peluche todavía lo tengo. El chimpancé no porque sus manos y sus pies eran de una goma que se fue rompiendo y eso no pude remendarlo con botones, jaajaja.
Un abrazo, y portaros bien que los reyes os estan mirando!

Mª Trinidad dijo...

Bon día querida Montse:
Hoy en tu post, con los Reyes Magos de Oriente, ha sido requeteprecioso, todo descrito de una forma tan maravillosa, que me ha remontado a mi niñez y casi todo es similar y parecido, los juguetes, lo de la carta, que a mí me decían, solo puedes pedir 5 cosas...Y luego eran tres, pero no importaba, es que es todo Montse igual...
Muchas gracias por compartirlo con tod@s nosotr@s, un abrazo muy fuerte y felíz domingo, y mira que día más precioso...Me he levantado hace poco, ayer estuve de cena en casa de Núria y Jordi, y acabó la velada tarde he dormido como un líró.
Las fotos preciosas , la de la carta al Rey Baltasar, es una maravilla, y todas me gustan.
Un beso guapa.

Montse dijo...

¡Cómo jugamos también con tu cocina!, yo tuve la suerte de jugar primero con Julia y después contigo porque era la niña de el medio. ¿Y tu Nancy con medias de blonda? ¿Y mi Tressy maniquí, que le crecía el pelo? Qué recuerdos tan bonitos tenemos...Un beso, cariño.

Montse dijo...

Mari Trini, en nuestra generación tuvimos más suerte que en las anteriores, con unos reyes casi inexistentes en muchas casas. Mis hijos y mis sobrinos también disfrutaron mucho con los reyes. Aún, a mi hijo Germán, con sus 28 años, le gusta que haya sorpresa, pero ahora es muy difícil sorprender a nadie, sobre todo tan mayor. Has hecho muy bien en no madrugar, el día es precioso, pero hace mucha falta que llueva, aunque nos fastidie. Un abrazo, guapa.

Montse dijo...

¡Y el tocador de la Srta. Pepis!

Gemma dijo...

Montse, a medida que los vas nombrando, voy visualizando nuestros juguetes. La Srta. Pepis Jaja!!

Júlia dijo...

Feliz inocencia. Aunque ahora se haya convertido en una fiesta mas comercial que emocional, lo cierto es que para los niños es ilusión, mágia, emoción...

Cuanto esfuerzo hacian nuestros familiares para que tuvieramos algun juguete y cuanto lo agradecíamos... eran otros tiempos y eramos mas sensibles y conscientes de la precaridad de la época (esperamos que no se repita, tal como están las cosas...)

Que bonita era tu-mia cocinita y cuanto jamón a lonchas vendimos con la patata que la mama nos daba para jugar.

Muy bonitos recuerdos de Reyes. Ahora nos toca la ilusión de los nietos.

Petonets.

Montse dijo...

Julia, la patata la convertíamos en jamón, mortadela, queso, todo lo que nuestra imaginación nos permitía. ¡Cómo imitábamos el día a día de los adultos! Tienes razón, ahora nuestros nietos, la mía ya ha visto su primera cabalgata, y los tuyos, que son tan bonicos, siguen con la ilusión, sobre todo tu Júlia, la petitona. Besitos.

¿Y la peluca de la srta. Pepis?

Mari-Pi-R dijo...

Yo cada año los echo de menos y mas ahora que aquí no se celebra este día.
Yo también pasé por lo mismo de la misma muñeca dos años, mi madre le puso un nuevo vestido para que pensase que era una nueva.
Muy entrañable posts con grandes recuerdos de felicidad.
Besos

Montse dijo...

Mari-Pi-R, en Canadá ¿se celebran los Reyes Magos o es Papa Noel el que trae regalos? Aquí, la sociedad de consumo ha extendido totalmente personaje del papa Noel, así que se reparten los regalos entre los dos días. Nosotros, como trabajamos el 6 de enero, hemos tenido que acomodarnos al día de Navidad para los regalos, pero la fiesta de los reyes,con la cabalgata y todo lo que le rodea es mucho más bonita.
¡Y qué contentas estábamos con la muñeca repetida! Un beso, guapa.

Mª Trinidad dijo...

Apreciada Montse, precioso y lo de La Vanguardia, una pasada de regalo, con documentación, me parece muy bonito.
Que tengáis tod@s una buena semana, si ves que estoy inoperativa, es por el trabajo, pero procuraré estar al día de tu blog, y un abrazo a tí a tod@s los tuyos, a tod@s, desde la pequeña que es preciosa a la más mayor.

Montse dijo...

Gracias, Mari Trini, si no puedes comentar en el blog durante estos días lo comprendo perfectamente, así que no te preocupes y no intentes sacar tiempo de donde no hay. Yo también voy a estar más liada estos días, así que andaré un poco más apurada con los post, haré lo que pueda. Cuídate y muchos besos.

Miquel dijo...

Yo voy siguiendo la historia ¡¡¡¡ salut

Montse dijo...

Gracias, Miquel, saludos.

Josep dijo...

Si que era una ilusión los Reyes, aunque casi no tubieramos nada. Recuerdo una vez que me trajeron un "Fuerte". Montse, me he pasado la vida creyendo que aquello lo hizo mi padre con pequeños troncos...

Un petó.

Montse dijo...

¡Hola Josep! Seguro que en algún pequeño rincón de tu mente existe todavía la convicción de que el fuerte te lo hizo tu padre con unos troncos pequeñitos, porque esa idea era más bonita que la otra, y yo creo que guardamos esos pensamientos infantiles y de vez en cuando asoman un pequeñísimo instante, como queriendo convencernos de que era así.
Tenía ganas de contarte que estoy leyendo "Los otros catalanes" (en la biblioteca sólo estaba en castellano). ¡Cómo estoy disfrutando con él! Parece que Candel lo hubiera escrito ayer mismo, es intemporal, igual que la inmigración.
Cuando en el blog conté que jugábamos en la calle al escondite, en mi cabeza tenía la palabra "valen", que era la que utilizábamos para jugar, pero pensé "nadie va a saber que era eso", pensando que era algo propio de "mi" calle. Cuando leí que Candel jugaba a "valen" me entró una risa...igual que hablar palabras catalanas con la "ch" como "chordi".
Y qué razón tiene cuando habla sobre los murcianos. Mira, mis abuelos maternos ya he contado que eran murcianos y llegaron aquí con una hija muy pequeñita, mi tía Anita, pues de las hermanas ella era la única que hablaba catalán (los hermanos varones todos lo hablaban), que fue la única que no nació aquí pero que nunca conoció su tierra de origen. Pues mi tía Anita siempre decía muy orgullosa que ella era murciana, "de Aguilas, como Paco Rabal" decía siempre. Candel tenía más razón que un santo.
Perdona que me haya enrollado tanto, un petó.