domingo, 25 de marzo de 2012

38 - LA PECERA



       Una de las veces que vino una amiga de mi tía Elisa a casa, trajo un pececillo metido  en una bolsa de plástico con un poco de agua. Era uno de esos peces rojos que están en los estanques de los parques, seguramente de uno de ellos lo cogió. Lo primero que hicimos fue buscarle acomodo en un lugar más adecuado con lo primero que pillamos en casa, que resultó ser una jarra de cristal. Al día siguiente se compró una pecera de las de toda la vida, redonda, y para que no estuviera solo, compramos otro pececillo.


     Nos gustó tener peces en casa, así que mi padre, al poco tiempo, compró una pecera más grande, rectangular y con termostato, filtros y toda la parafernalia necesaria para los peces tropicales, y de vez en cuando comprábamos nuevos peces, preciosos y coloridos, que movían las aletas con maneras elegantes, y que se perdían entre la vegetación que también se movía, transmitiendo paz y serenidad al que lo contemplaba. Mi hermano había llegado a quedarse dormido mirándolos.

 (Años después compré ésta para
 mis hijos y nacieron pececillos en ella)

Teníamos de éstos...

De éstos también

Estos se movía con mucha gracia
      
    Lo de que el pez grande se come al pequeño, lo pudimos comprobar en casa. Siempre había algún espabilado que campaba a sus anchas por el acuario acosando a los  más débiles y mordiéndoles la cola. Teníamos una colección de peces "anuros" que se las veían y deseaban para poder nadar correctamente, y que vivían, seguramente, con el miedo en el cuerpo.

Les gustaba morder la cola a los otros

          Creo que en algún momento le dimos "puerta" al bravucón para que los otros pececillos vivieran con un poco de tranquilidad.

   A mi tío Pepito, que vivía en el piso de abajo, también le gustó el asunto de los peces y se apuntó a comprar otra pecera. En la suya, además de las piedrecitas de colores y las plantas, tenía un buzo soltando burbujas que parecía dirigirse a un cofre del tesoro hundido, también, en las profundidades del acuario.





   Pero no acabó aquí el tema. Mi padre, animado con el éxito de los peces, quiso construir él mismo un acuario más grande, así que soldó los ángulos metálicos que previamente había cortado, encargó los vidrios y los pegó a la estructura, creo que con Araldit, por lo que tuvimos otro lo suficientemente grande que abarcaba todo el hueco del mueble del comedor.


Esta era nuestra pecera, 
aquí se ve una parte

  Claro que, no se pensó, que para limpiar ese acuario tan grande se necesitaba tiempo y ganas. Durante  una buena temporada estuvo muy bonito, con troncos, plantas y variedad de peces, pero luego empezaron a aparecer  caracoles (nunca he sabido de donde demonios salían) que se adherían a los vidrios y por mucho que los retiráramos, siempre salían otros nuevos, hasta que el acuario se puso tan feo y sucio que acabamos por quitarlo.




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    Mi madre y mi tía Elisa solían ir a la peluquería para cortarse y teñirse el pelo, pero en algunas ocasiones, si era simplemente  para ir bien arregladas, las peinaba mi hermana Julia que lo hacía con mucha gracia. Siempre decíamos que podía haber sido una buena peluquera.


         En la calle Sant Pere mes Baix había, en un piso, una academia de peluquería, Casero se llamaba, en la que además vendían productos para profesionales que los podía comprar cualquier persona y salía mejor de precio que en una perfumería.


     Así que allí compraba mi tía botellas de champú, laca a granel, que luego se metía en unos pulverizadores de plástico, y ampollas de "plis", que era un producto para que el peinado aguantase más tiempo.


Eran botellas grandes
El de la laca, siempre estaba enganchoso

    En vez de comprar una caja entera
de plis, compraban una ampolla cada vez

       Teníamos rulos y pinzas de varios tamaños, que Julia les ponía en el pelo rematando con una redecilla, para marcarles el peinado.

Los antiguos rulos
Estos eran más modernos

     Mi hermana Julia tenía el pelo muy rizado y para alisárselo se hacía la "toga", que consistía en enrollarse el pelo alrededor de la cabeza, así que cuando llegaba a casa lo primero que hacía era hacerse la "toga"


Esto es la toga
(foto sacada del google)

 Julia con la toga, no quería salir en la foto    
Al fondo, mi madre cocinando

    Como tenía también mucha cantidad de cabello y le costaba secárselo, compró un artilugio para acoplarlo al secador de mano.

Era algo así

    No sé si el aparato en cuestión resultaría  muy práctico, porque también compró un secador de casco, como los de la peluquería, pero más sencillo, que ofrecían en la revista del Círculo de Lectores en la que estaba inscrita.

Nuestro secador

Mis hermanos Julia y Juanito
Ella conseguía tener una 
preciosa melena lisa
     

14 comentarios:

Eastriver dijo...

Ya sabes cómo me gustan tus encantadoras crónicas. Lo del plis me ha hecho reír mucho, porque has traído una palabra que tenía olvidada. Y yo recuerdo que cuando mi madre iba a la peluquería, que era la portera de la casa de al lado, ya te imaginarás, en plan peluquería ilegal en la casa de una vecina, jajaja (antes estas cosas pasaban mucho y no pasaba nada), cuando iba a la peluquería también hablaba del plis, que nunca supe lo que era.

Nosotros también tuvimos pecera, pero en plan modesta, nada, la redonda, jaja.

Mari-Pi-R dijo...

Yo nunca he vivido ninguna historia de peces, ya que nunca tuvimos.
En cambio la toga si que me la hacía para que me quedase la melena lisa y bonita.
Bonitas historias siempre bien documentadas.
Besos

Montse dijo...

El hartón de reir que nos dimos mi hermana Julia y yo el otro día hablando del plis, jajaja, preguntándonos para qué servía exactamente, no lo sabemos pero todas se lo ponían.
Toda la que sabía peinar un poco, hala, a poner un lavacabezas en el comedor y a peinar se ha dicho, muchas peluquerías solían estar en los pisos, fueran ilegales o no, y como dices, no pasaba nada, Ramón.
Un abrazo.

Montse dijo...

Mari -Pi, los peces son muy bonitos pero dan mucho trabajo. La pecera de la foto es la que tenían mis hijos años más tarde, y un día vi moverse unas cosas minúsculas, resultaron ser pececillos que habían nacido en la pecera. Pero en una subida de tensión de la electricidad se quedaron todos "fritos" ¡menos uno!
En alguna ocasión me hice la toga yo también, cuando quería el pelo liso.
Besos.

Josep dijo...

Montse, yo también tenia un acuarium,me gustaba hacer cria de "gupis" y peces como este que has puestocon los colores del Barça.
Yo para limpiar el cristal lo hacia con imanes, pero me ayudabanunos peces que solo salen en la oscuridad, con una boca enorme y se pegan al cristal.

Esto del pli, la toga, los rulos...lo recuerdo tan bien...y sin embargo , los años que han pasado.
La casa de mis padres era muy grande, y claro lade la vecina era igual. Pues una habitación la tenia alquilada para peloqueria y la otra para ropa para hacer vestidos. Era la pera!

Un petó.

Júlia dijo...

Hay que ver, hemos tenido casi de todo, menuda pecera hizo el papa, supongo que valoraría si podía aguantar el peso el mueble que teníamos, porqué hacía falta muchos litros de agua para llenar la pecera con las dimensiones que tenía, todo un lujo. Pasabamos muchas horas mirando el movimiento de los peces de colores, no me extraña que Juanito se quedara dormido.

Había peluqueras que en vez de "plis", utilizaban cerveza, empapaban un algodón y mojaban los rulos con ella, daba consistencia al pelo y al sacar los rulos y pasar el cepillo,( sobre todo el pelo fino), tenía más cuerpo.

Bendita "toga", era la solución para las que teníamos los cabellos rizados y queríamos tener una melena lacia. Yo casi lo conseguia con mucha paciencia, tiempo y deseando que no lloviese.

Fotos de la pecera, del secador de pie...¿de qué no tenemos fotos?.

Bona nit, un petó.

Mª Trinidad dijo...

Muy divertido Montse, las peceras y el plis, y los comentarios de tus seguidores son muy divertidos.
Un abrazo muy fuerte y muy gracioso y evocador tu post de hoy, un beso.

Montse dijo...

Josep, si es que antes la gente buscaba recursos para ganarse la vida, como tu vecina alquilando habitaciones para varias cosas, ahora falta imaginación.
Els peixets del Barça, que bonics!!
Creo recordar que también teníamos peces limpiadores pero es que la pecera era demasiado grande ¡nos volvimos locos! jajaja.
Un petó.

Montse dijo...

Julia, seguramente el mueble sería fuerte porque la pecera debía pesar lo suyo.
¡Con cerveza! cuántas guarrerías jajaja, que nos ponían en el pelo. El cabreo que cogías cuando había humedad o llovía porque se te rizaba la melena.
Besos.

Montse dijo...

Mari Trini, nos reímos mucho cuando recordamos cosas de entonces, se vivía de otra manera y algunas costumbres cambian.
Ahora voy a ver tu post, que hay mucho que leer y ayer no tuve tiempo, un beso, guapa.

Gemma dijo...

Creo que yo me entretuve más mirando los caracoles que los peces.
No recordaba la foto del secador; que buena!. Miedo me da que salga alguna foto inesperada que tenias escondida.Jaja. Un abrazo.

Montse dijo...

Gemma, cuando los caracoles se multiplicaban decíamos "podemos hacer una caracolada" jajaja.
Escudriñando las fotos, sale todo, todo y todo.
Petonets.

Anónimo dijo...

porque tiene una lata el hombre de la foto en las manos? enredaron a Julia con que ayudara a abrirla como excusa para hacerle la foto?

Montse dijo...

Hola Anónimo, debía ser un dia festivo y nos disponíamos a preparar un aperitivo....debían ser mejillones en escabeche la lata que Julia iba a abrir cuando la sorprendimos para hacerle la foto. Ella no quería salir con la toga en la cabeza y la "obligamos", siempre entre risas...