viernes, 6 de abril de 2012

42 - RANSINDE, EN EL BIERZO (I)

    Mi tía Aurora había nacido en Ransinde, un pueblecito de El Bierzo, al que se fue a vivir su madre unos años más tarde después de casarse mi tía con mi tío Pepito.

En la casa redonda con el techo
 de paja, nació mi tía Aurora


         Durante bastantes años, mis tíos fueron  todos los veranos a pasar las vacaciones al pueblo, para visitar a su madre, y en dos ocasiones fuimos mi hermana Gemma y yo con ellos.  La primera vez tenía yo 13 años y la segunda 15. 


Genmma y yo con mi tía Aurora,
la primera vez que fuimos

Gemma con un corderito, animal
que veía, animal que cogía

        Ibamos en autocar, que nos dejaba en el pueblo más próximo, Ruitelán, ya que a Ransinde no llegaba la carretera. Luego teníamos que subir por un camino por el que los vehículos no podían transitar, y para llevar la carga utilizaban las mulas y los burros.


Gemma y yo, en un burro

    En el pueblo todos recibían a mis tíos con los brazos abiertos, ya que a casi todos llevaban regalos, aunque fuera un insecticida, ya que con los establos debajo de las casas, a veces se los comían las moscas, y ellos lo agradecían mucho.

          Más que un pueblo, Ransinde era una aldea, ya que consistía en unas cuantas casas y no había ni una sola tienda, pero sí una especie de cantina, por llamarlo de alguna manera, donde vendían vino. Cuando había que comprar bajábamos al pueblo de abajo, Ruitelán, donde solamente había un pequeño comercio, y se compraba la hogaza de pan  de centeno que duraba toda la semana, pero para comprar carne, fruta y otras cosas, íbamos andando por la carretera hasta llegar a Vega de Valcarce, que era un pueblo más grande.


Con Gemma y Anita, una
niña del pueblo

  Nos hospedábamos en casa de Concha, la madre de mi tía, donde había una antigua cocina de hierro con un depósito que mantenía el agua caliente todo el día.

Era parecida a ésta

   No había luz eléctrica en Ransinde, y nos alumbrábamos con lámparas de carburo, aunque recuerdo que daban  mucha luminosidad. Pero sí había agua corriente.

Lámpara de carburo

      Las calles no estaban asfaltadas por lo que siempre estaban llenas de barro, y también de boñigas de vaca, a las que llamábamos "boinas" por su forma parecida. Para ir al establo las mujeres se ponían madreñas encima de los zapatos, para resguardar éstos.


Madreñas

     En uno de los caminos del pueblo había un manantial que manaba de la misma roca, "la fuente grande", un chorro contínuo de agua fresquísima y cristalina, donde llenábamos recipientes, y el agua  que iba cayendo al suelo formaba un riachuelo en el que colocábamos la fruta y la botella de vino para refrescar.  De vuelta de los prados a casa, iban a beber las vacas, los caballos, los corderos...Cerca había otro manantial más pequeño que se conocía como "la fuente pequeña", así de sencillo.


Gemma, yo y Anita, la niña del pueblo.
Detrás una vaca pastando

       Pasaba por el pueblo, un río de aguas transparentes y heladas, en el que los hombres pescaban truchas con un tenedor atado a un palo, y donde las mujeres lavaban la ropa. Una vez enjabonada la tendían al sol sobre los arbustos para blanquearla, y luego la volvían a enjuagar en el río para tenderla en sus casas.


Yo lavando en el río

Apoyada en un castaño

      Todas las tardes nos íbamos a merendar por los alrededores. Nos llevábamos pan, jamón y  chorizo, y subíamos por un sendero distinto cada día, porque donde fuera que nos paráramos encontrábamos un manantial de agua fresca para beber. Era una gozada esa tranquilidad, disfrutando sólo del ruido del agua y el sonido de los cencerros que llevaban las vacas que pastaban cerca.


Estaba todo verde, verde...

Mi tío Pepito cortando jamón.
En primer plano, el pan de centeno

     El paisaje era una delicia, el pueblo estaba situado (y sigue estando) en un valle con mucha arboleda, sobre todo castaños centenarios, y de verdes prados donde pacían las vacas y los caballos. No he estado en ningún lugar en el que hubieran tantas mariposas, las había por cientos, y preciosas.


Estaban construyendo la autovía
que se ve en la foto

Gemma y yo, el segundo año que
 fuimos. Detrás un caballo pastando


      Tras la matanza del cerdo, en el pueblo elaboraban embutidos para consumo propio.
Los chorizos, después de ahumarlos, los metían en latas grandes y vacías de atún y otras conservas que guardaban para la ocasión, y les soldaban una tapa de chapa  quedando así conservado durante bastante tiempo. 

      Preparaban también endrollos (botillos), que consistía en una tripa de cerdo rellena de trozos de costilla y otros restos del cerdo adobado con pimentón. Los dejaban secar y cuando los cocinaban requería un prolongado tiempo de cocción.

Un botillo

          


13 comentarios:

Mª Trinidad dijo...

Pero que bonitas fotos, con la burra, el jamón de tu tío, el campo, todo me gusta y tu que guapa lavando en el río, todas las fotos son una maravilla todas y cada una de ellas.
Un beso guapa, y que tengas un buen día de viernes Santo.
Me voy a hacer una siestecilla, un beso Montse.

Mari-Pi-R dijo...

Cuantos buenos recuerdos que tienes y no digamos la cantidad de fotos,todo una envidia.
Me imagino pasar allí unas vacaciones a tu edad que las carencias de lo moderno no se echan de menos lo bien que te lo debiste de pasar.
Has vuelto de nuevo de mucho mayor?
Un beso y Feliz Pascua, come monas pensando en mi, ya que no las puedo comer porque no las encuentro.

Montse dijo...

Gracias, Mari Trini, en la foto donde he puesto "la mula", es un burro, ya lo he cambiado. El siguiente post será de Ransinde otra vez, la primera vez que fui me gustó tanto que en en una redacción que nos pusieron en el colegio con el tema "lugares donde te gustaría volver", la hice sobre el pueblo.
Besos, guapa.

Montse dijo...

Mari-Pi-R, te aseguro que no encontrábamos a faltar la electricidad, me gusta mucho la vida del campo.
De mayor volví ya casada, lo contaré en el próximo post.
El lunes, Día de la mona, vendrán mis hijos y mi nietecita y comeremos la mona, pensaré en ti, no lo dudes.
Un beso, guapa.

Júlia dijo...

De todos los hermanos, tú eres la que le ha gustado mas la vida campestre. siempre has contado lo bien que lo pasabas en Ransinde sin añorar los "privilegios" de la ciudad.

Que bonitas fotos y que bien lo pasaba nuestra hermana Gemma, encima de los animalitos y con ellos en brazos.

Todavía de vez en cuando, nos comemos un "botillo" de esos tan buenos que hace nuestra tia Aurora y que por culpa del colesterol tenemos que ir distanciando.

Bonito pueblo, bonita infancia y bonitos recuerdos.

Besos.

Montse dijo...

Julia, cuando oigo en la tele la desertización de los pueblos, me dan ganas de irme a uno, lástima que ya se me ha pasado la edad.
Lo bien que lo hemos pasado luego haciendo camping libre con los hijos.
Qué buenos los botillos de la tieta Aurora.
Besitos.

Mª Trinidad dijo...

Y el Botillo, que se me ha olvidado, solo lo he probado una vez, y era una delicia.
Besos

Josep dijo...

Montse, no se como expresar lo mucho que me gusta Galicia. Tiene el poderde fascinarme aquellos bosques de eucalipto o de castaño. Tanto verdor, aquellas aldeas, aquel todo...
Las casas celtas, las cruces de termino.
El enbruljo, el saber que hay brujas, porque en galicia las hay, como La Santa Compaña.

Un petó.

Josep dijo...

Montse, no se si he cometido un error. En todo caso si ha sido así te pido disculpas. Yo estaba seguro que este pueblo formaba parte de Galicia, tocando al bierzo, pero de Galicia. Hubiese podido borrar el comentario, pero cuando uno se equivoca, se equivoca. Lo siento.

Un petó.

Gemma dijo...

Que recuerdos!!!
Era todo tan diferente a la ciudad. Sin tele, sin coches, sin luz, sin teléfonos.
A mi me sorprendía que niños de mi edad fueran solos a los pastos con las vacas. !Como en Heidi!
Disfrutamos mucho allí Montse.
Al cabo de muchos años, la primera vez que fui al pueblo de Teruel que suelo ir ahora, el olor por las zonas de los corrales, me devolvió el recuerdo de esos veranos.
Un beso muy grande.

Montse dijo...

El botillo, Mari Trini, que rico está, pero sólo se puede comer muy de tanto en tanto, es una bomba de colesterol, aunque debo decir que las gentes de allí comen tocino todo el año y están más sanos que nosotros.
Un beso.

Montse dijo...

Josep, geográficament correspon a Lleó, pero sempre me ha semblat que las gents d'allá eren més gallegas que lleoneses, de fet parlan gallec, i las montanyas properas que es veuen desde el poble també pertanyen a Lugo, que comença al costat mateix. A la meva tieta li deien algunas vegadas "gallega", tot i haver nascut a Lleó.
A mí també m'agrada molt Galicia. Vaig anar fará uns cuatre o cinc anys i em va fascinar tant la costa com l'interior, i em sembla una terra molt misteriosa i antiga. I amb bruixas que, efectivament, "haberlas, haylas".
Lo de la Santa Compaña u vaig veure per primera vegada en una película, El bosque animado", i em va agradar aixó de les ánimes voltant pel bosc.

Petons.

He fet una mica de trampa, algunes paraules les he comprovat en el google, i així i tot n'hi han faltes, peró m'hi he esforçat, eh?

Montse dijo...

Gemma ¿no se llamaba Pedro el pastor de vacas de Ransinde?, como en Heidi, o puede que lo haya soñado.
Qué espabilados eran los críos de allá, ni miedo a las arañas ni a los lobos, ni nada de nada.
Ojalá hubiéramos podido ir más veces, un día tenemos que ir, va.
Los olores nos traen recuerdos de casi todas las cosas, sobre todo las buenas.
Un beso muy fuerte.